Safranbolu, patrimonio de la Humanidad

Safranbolu

En la provincia de Zonguldak, a 225 kilómetros de Ankara está Safranbolu, una joya en el Mar Negro. El tiempo se detuvo en el siglo XVIII, es como una ciudad otomana original y recién construida. Las mansiones antiguas fueron declaradas Patrimonio de la humanidad por la UNESCO en 1994. Las más lindas fueron convertidas en hoteles o museos.

Paseando por las calles de Safranbolu descubrirá los zocos, el bazar y los puentecitos de piedra que cruzan el rio. En todas las esquinas hay una fuente. Las casas otomanas o Konak son durables, lindas, económicas y funcionales. Están construidas lo largo de las calles con altas paredes que las separan de las casas vecinas.

En esta ciudad al oeste del Mar Negro verá  las mansiones acondicionadas para el invierno; las casas de veraneo están en Bağlar, la zona más alta y verde.  Bajo los tejados de estas casas a cuatro vertientes, dos pisos con paredes de madera sobresalen de la planta baja y siguen con delicadeza el trazo de la calle. Tiene muchas ventanas en las cuatro fachadas que iluminan pequeños cuartos con chimenea, no más de ocho o diez. Las paredes de la planta baja son de piedra, sin ventanas fieles a la tradición musulmana de mantener la vida privada lejos de los ojos ajenos.

Las puertas tienen una gran cerradura de acero, con un inteligente sistema de palancas sin llave. Detrás de esta puerta hay un patio o hayat con una fuente,  la cuadra y el huerto.  La distribución de las habitaciones responde a la cultura nómada, que solo deja un espacio para la intimidad. El primer piso, está la haremlik o zona de las mujeres, dedicada a las tareas cotidianas. En el segundo piso, el selamilk o lugar para los hombres, un amplio recibidor con un sillón en el centro, tiene acceso a cuatro habitaciones en las esquinas de la casa.

En cada una de estas habitaciones vive una familia y en el recibidor es donde se encuentran todas. Las pequeñas moradas tiene pocos muebles y sirven tanto de dormitorio como de comedor, tiene un banco amurado a la pared que la recorre casi por completo frente a la chimenea. A los costados de la chimenea hay dos armarios. También están los aseos que cuentan con agua caliente, gracias a la chimenea,  y los catres para dormir.

Visitar Safranbolu es transportarse en el tiempo a una cultura milenaria muy distinta a la que estamos acostumbrados.

Foto: Wiki Commons

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