Dalyan y Kaunos, necropolis y pantanos

Tumbas licias de Daylan

Al sudeste de Köyceğiz, se encuentra Dalyan, un tranquilo pueblo con naranjos, adelfas y liquidámbares, de casas alineadas junto al río, ideal para conocer el golfo y luego escaparse a Kaunos.

El tesoro de la ciudad de Dalyan, es un sorprendente acantilado que se levanta frente al pueblo; en sus paredes rocosas están las tumbas licias: frentes de casas o templos esculpidos por sus dueños para su eterno reposo. Si va en barco, el espectáculo es inquietante, se ve el acantilado perforado por tumbas, algunas simples, otras hermosamente labradas, de todos los tamaños y en todas las etapas de construcción. No se olvide de llevar los prismáticos para ver las que están más altas, que son las más bonitas. Se ubican alrededor del año 400 a.c. y se pudieron realizar gracias a la abundante piedra caliza suave que domina el acantilado.

En la ciudad, se puede pasear en bicicleta por campo, hacer rafting por las gargantas de la Dalaman Çayi y tomar un tratamiento de talasoterapia, en una terma para relajarse.

Siguiendo el cauce del río hacia el lago Köyceğiz, el paisaje es de frescos bosques.  Las excursiones en barco llegan a Kaunos, otra ciudad que visitaremos hoy.  Rodeada por las montañas, es muy antigua; Heródoto la describe en sus escritos como fundada por los carios en el siglo X a.c. y los helenos hacían bromas por el color verdoso de la piel de los habitantes, enfermos de paludismo por los mosquitos que atestaban las lagunas.  Los helenos decían que el clima de Kaunos era tan sano que hasta los muertos caminaban por las calles…

Desde el desembarcadero, se llega a un camino que tiene escondidas entre las plantas unas tumbas rupestres y pasando la colina un estanque pantanoso poblado por ranas y tortugas.  Subiendo se encuentra un teatro romano con imponentes galerías a los costados y bóvedas de cañón. Desde aquí la vista del paisaje es hermosa. Desde la cavea, ahora llena de olivos, el cuadro del paisaje es casi romántico.

Al norte de la explanada, están los restos de un tholos o templo circular con una cúpula que ahora está en el suelo, y fue reconstruida por los arqueólogos que la encontraron. Subiendo un poco más se puede ver lo poco que queda de una stoa helenística de 95 metros de largo, que en su origen estaba adornada con estatuas. Al este está cerrada por un ninfeo romano dedicado al emperador Vespaciano. En la fachada todavía se puede leer el reglamento aduanero del puerto, escrito en griego.

Foto: Wiki Commons

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Categorias: Pequeños pueblos de Turquía



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